Mesa 4: Ambición, pero con apoyos

Dom, 14/03/2010 - 10:32pm

 El deporte profesional reclama una ley del mecenazgo
 

Valladolid Avanza

Los problemas están claros. No hay más que mirar cómo asoman los números rojos en la gráfica económica del Real Valladolid y del CBValladolid, o cómo tiene que ajustar los gastos el BM Valladolid para cuadrar el presupuesto. De esa situación económica crítica se derivan todos los perjuicios que sufre el deporte de élite en la ciudad. Se quejan de la ausencia de patrocinadores fuertes, de que la ayuda institucional es inferior a la de otras ciudades... Carlos Suárez, un experto en números metido en harinas futbolísticas desde hace nueve años, recita de carrerilla cómo se vuelcan otras zonas de España con sus clubes representativos. «El total de las subvenciones que recibimos no llega a 600.000 euros sumando todas las instituciones, son algo así como 590.000 euros», se lamenta. Y a continuación pone un ejemplo sangrante: «El Getafe recibe 4 millones del Ayuntamiento para la cantera y 6 de Telemadrid».
No es el único caso en España. Hay otros, como el 'Aeropuerto de Castellón' -que todavía no está operativo- que luce el Villarreal en sus camisetas, o las ingentes ayudas del Gobierno vasco a sus principales clubes.

Elena Santiago, de Caja de Burgos, arroja una primera pista sobre este problema financiero. Muy cruda. «Aunque sean sociedades anónimas no generan beneficios económicos en la mayoría de los casos, y el papel de las administraciones públicas en concepto de ayudas y colaboraciones es fundamental. Reconociendo que para mantenerse en los máximos niveles necesitan presupuestos muy altos que casi nunca cubren con los ingresos que generan», explica.

La representante de la caja intenta aportar algunas ideas para conseguir que estos clubes de élite sobrevivan a una crisis que, en su caso, no es coyuntural, sino estructural. «Debemos premiar al club que se las ingenia para conseguir dinero de las diferentes empresas, que se mueve, que es dinámico. No al inmovilista que cumple su presupuesto en un 80% con fondos públicos», explica. Y para ello apela a contemplar «figuras como las ayudas fiscales a las empresas que apoyen al deporte».

Este punto alcanza relevancia cuando, puesto sobre la mesa, llega el turno de Carlos Suárez. Todos los aficionados de Valladolid han contemplado los duros esfuerzos que ha tenido que hacer el CB Valladolid para encontrar un patrocinador que le cubra la mayor parte del presupuesto. La Denominación de Origen de Rueda ha acudido en su auxilio bajo la marca Blancos de Rueda, igual que la bodega Cuatro Rayas acaba de hacer con el hasta ahora Pevafersa Valladolid. Es indudable que ambos, como ocurre con Caja Duero en su patrocinio del Real Valladolid, conseguirán beneficios en cuanto a su imagen. Pero todo sería mucho más fácil si consiguieran unos réditos más visibles.

Carlos Suárez lo explica de una manera muy gráfica. «La sensación que tenemos los clubes de élite es que somos los apestados. A todo el mundo se le llena la boca con lo que generamos, pero nadie nos quiere ver ni en pintura porque cuando vamos a algún sitio es para pedir», asegura. Y en su caso, el hecho de ser una sociedad anónima deportiva les perjudica aún más, ya que da la impresión de que son una empresa y como tal deben funcionar, sin ayudas externas. El patrocinio de un club de fútbol, o de balonmano o de baloncesto, sin embargo, arroja dividendos espectaculares en cuestiones de imagen. «Nosotros tenemos un espónsor, Caja Duero, y hemos generado cinco mil tarjetas, siete mil cuentas corrientes, no sé cuántas domiciliaciones de nómina, etcétera, por el tema de poder pagar el abono en cualquier oficina sin necesidad de acudir al estadio. Eso es una cartera como las que tenían los antiguos vendedores de seguros», explica.

Resulta complicado para los patrocinadores que aportan el dinero obtener un beneficio mayor. Y eso es, según Suárez, porque «no existe una ley del mecenazgo que permita a las empresas recuperar algo de esa inversión, más allá de lo que supone en imagen». El presidente del Real Valladolid aporta, además, un dato que refuerza la tesis de que tener clubes en las principales categorías del deporte español es beneficioso para la ciudad. «Hicimos hace cinco o seis años un estudio con SOFRES en el que cogíamos el espónsor y las veces que se decía el nombre de Valladolid. La valoración de un partido Deportivo-Valladolid, que en aquel momento se ofrecía por Canal Plus, era de 240.000 euros».

Si esa cifra asusta, nada comparado con lo que se vivirá hoy con el Real Valladolid-Real Madrid. «Nuestro partido va a ser visto por mil y pico millones de personas porque coincide con el horario en China o Japón, porque es la onda expansiva del Real Madrid», explica Suárez. Y es que por modesto que sea el Real Valladolid forma parte de un negocio futbolístico que genera un movimiento económico poderoso. «Generamos un 1,5% del PIB de este país. Nosotros aportamos siete millones de euros en IRPF, 1,7 millones a la Seguridad Social y debemos estar entre las veinte primeras empresas de Valladolid con un presupuesto de 22 millones de euros», añade.

Gonzalo Hernández, concejal de Deportes del Ayuntamiento de Valladolid, ofrece otro dato para reflexionar sobre el fenómeno del deporte y su incidencia en las ciudades. «Si cada domingo hay 14.000 personas que van al estadio, eso no lo mueve nadie más. Es un espectáculo y genera, por tanto, un sector económico. Todos los eventos deportivos que alberga la ciudad también generan un sector económico. Este fin de semana va a haber otros mil jugadores de tenis de mesa, que pernoctan y comen en la ciudad», explicaba.

En este punto aporta un dato interesante Javier Barbero, de la Cámara de Comercio. «Hicimos un estudio en la temporada del ascenso del Real Valladolid. Considerábamos que el equipo suponía para la ciudad unos ingresos de 2,5 millones de euros. Y 200.000 euros suponían el balonmano o el baloncesto», explica. Pero hay otro estudio más. «En el 2007 hicimos algo parecido con los eventos deportivos que ocurrieron en la ciudad. Vuelta ciclista, campeonatos nacionales o regionales... El número de deportistas era superior a los 20.000. Visitantes hubo unos 14.000. Con una media de 71 euros de gasto por deportista y día. Más de nueve millones de euros totales», explica Barbero.

Ambición necesaria

Llegados a este punto del debate, todo el mundo tiene claro que el deporte es un sector económico pujante que conviene reforzar. Quizá falten los elementos para que no se trate de una lucha individual por la supervivencia, y por eso Juan Carlos García-Marina del Olmo, de la Confederación Vallisoletana de Empresarios, cree necesario «que la administración ofrezca un foro para escuchar a las partes implicadas».

Elena Santiago pide «la creación de espacios comunes de todos los clubes de Valladolid para que los esfuerzos individuales puedan ser optimizados colectivamente en coyunturas puntuales como campañas promocionales. Que pudieran ser el germen de una futura asociación de clubes de Valladolid con unas bases sólidas». Y que esto permita tener una mayor fortaleza a la hora de negociar. Y de ese modo, también, se puede alcanzar la idea que aporta Miguel Ignacio González, director general de Deportes de la Junta. «Debemos ir a proyectos más ambiciosos. Que toquen eventos de carácter nacional e internacional. Valladolid ha apostado por ser subsede del Mundial 2018 ó 2022. Y si lo que queremos es despegar nacional e internacionalmente deberemos tender a eventos de esa magnitud o incluso más grandes. ¿Por qué Valladolid no puede ser sede del Mundial de Ciclismo en carretera, o de una eliminatoria de Copa Davis? Si queremos despegar, Valladolid no puede ser sólo referente provincial o regional, sino nacional e internacionalmente», apunta.

No se trata de despreciar al deporte base, sino que González considera que éste seguirá funcionando como hasta ahora. O lo que es lo mismo, seguirá habiendo «200 clubes que se esparcen por todo Valladolid, 25.000 niños que practican deporte cada fin de semana», como dice Gonzalo Hernández. Sólo falta ambición.

 

 

El Mundial, como ejemplo

Si se busca un ejemplo de lo que significaría la ambición llevada al futuro del deporte vallisoletano, ése es el Mundial de Fútbol. No el de Sudáfrica, sino el que se organizará en el 2018 ó el del 2022, citas para las que España y Portugal han presentado su candidatura. Valladolid ha solicitado ser una de las sedes del Mundial si se le concede a España, y para eso ha preparado una documentación exahustiva que incluye las reformas que habría que hacer en el estadio Zorrilla para ampliar el aforo y modernizar la instalación. Una inversión que, tras el Mundial, quedaría en la ciudad, que contaría con un estadio del máximo nivel, capaz de albergar una final de Copa del Rey, por ejemplo, o de recibir con más frecuencia la visita de un partido de la selección española. Ahora mismo el estadio blanquivioleta no está en condiciones de competir demasiado. La final de Copa a la que optó hace unos años se la arrebató el vetusto Martínez Valero de Elche, por ejemplo, de mayor aforo.

Un punto de acuerdo y a la vez de discrepancia es la necesidad de un pabellón multifuncional de gran capacidad. Los empresarios lo quieren «en el centro de Valladolid, bien conectado con el AVE y al que se pueda acceder a pie». Carlos Suárez, el Ayuntamiento y la Diputación han apostado claramente por la construcción del Valladolid Arena junto al estadio. «Cuando salió la primera maqueta del Arena, dijimos que podría albergar una final de la Copa del Rey de baloncesto, o una eliminatoria de Copa Davis», aclara el presidente blanquivioleta. Las grandes infraestructuras deben liderar el arrastre de grandes acontecimientos deportivos a la ciudad.

 

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