Mesa 7: El reto de los nuevos hábitos

Lun, 19/04/2010 - 7:01pm

El comercio vallisoletano, que emplea a 16.000 personas en la capital, tendrá que adaptarse en los próximos años a los cambios en los modos de vida y en el modelo de ciudad, a las compras por Internet y a la llegada de más grandes superficies
 

Primero, la frase potente, concisa y quizá necesaria para comenzar: «El sector comercio es vital para la economía de Valladolid». La pronuncia José Rolando Álvarez, presidente de la Cámara de Comercio. Y hay cabezas, en este foro Valladolid Avanza hoy dedicado al comercio, que asienten y parecen decir amén. Sector vital. Y para demostrarlo, fluye la catarata de datos, el aperitivo para el debate. «En la provincia hay 7.500 establecimientos comerciales -distribuidos en 650.000 metros cuadrados de superficie comercial- que generan 23.000 puestos de trabajo, de ellos 16.000 en la capital», repasa Álvarez. «Uno de cada seis trabajadores lo están en el sector comercio, que además supone una de cada tres empresas», añade Luis del Hoyo, secretario general de Avadeco. «El pequeño comercio, con el 50% de la cuota de mercado, supone el 80% del empleo», remacha Alejandro García Pellitero, de la Confederación Vallisoletana de Empresarios (CVE). «A Renault le damos mucha importancia, pero éste es el primer sector de la provincia», sentencia José Antonio Salvador Insua, director de la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales.

O sea, sector vital para una ciudad que vivirá en los próximos años -soterramiento obliga- una transformación tan enorme que terminará influyendo también en la estructuración del pequeño comercio. ¿De qué manera? Políticos, expertos y comerciantes lo analizan en el foro Valladolid Avanza de EL NORTE DE CASTILLA.

Urbanismo¿Cambio de modelo?

La sombra del chalé adosado y el piso en el alfoz planea sobre el mercado tradicional. Allí van a vivir familias que, sin embargo, trabajan en la capital. «Así, su actividad económica corre la amenaza de no hacerse en el centro de la ciudad, sino en las grandes superficies de la periferia», explica José Rolando Álvarez. García Pellitero (CVE) tira del hilo: «Abandonamos el estilo mediterráneo de las ciudades paseables y amigables por el modelo de urbanismo europeo de los años 80 y 90, que aprovechaba la locomotora comercial de un centro comercial para fomentar el desarrollo urbanístico». Y el representante de la CVE teme que esta situación se haga todavía más evidente con la huida de servicios desde el centro al extrarradio, como la Ciudad de la Justicia. «Ya vivimos un movimiento similar cuando los bancos decidieron cerrar sus oficinas los sábados por la mañana, que comercialmente han pasado de ser un buen día a ser un día regular. O con las salas de cine». ¿Cuál es el peligro? «Que el crecimiento comercial sea sólo de gran formato».

¿Soluciones? «Es imprescindible un transporte público útil para acceder al centro. Así, a pesar de que existan esas grandes superficies en la periferia, la actividad en el centro no se resentirá», explica Álvarez. La concejala Mercedes Cantalapiedra añade que, junto al transporte público, el Ayuntamiento ha apostado por «facilitar el acceso de los ciudadanos al comercio tradicional mejorando los espacios urbanos y creando zonas de aparcamiento en el centro», con la excavación de subterráneos (Zorrilla, Portugalete). «Sin embargo -tercia García Pellitero- y a pesar de esos aparcamientos, el centro vive un déficit porque no se ha compensado la pérdida de plazas en superficie». Así, desde la CVE proponen la construcción de aparcamientos disuasorios.

Luis del Hoyo, secretario general de Avadeco, añade que «hay que conciliar los intereses de los comerciantes con los de sostenibilidad, porque si no hay aparcamientos, el comercio se termina estrangulando. Si una persona tiene que dar siete vueltas con el coche para aparcar, al final se terminará yendo a un centro comercial, donde puede aparcar con más facilidad. Cuando alguien planifica un centro comercial busca fáciles accesos y que se pueda aparcar fácilmente. Lo que el pequeño comercio quiere para el centro (con 2.700 locales y el 50% de la actividad comercial) es lo mismo».  Y el asunto, asegura, no es baladí. García Pellitero recuerda que «hicimos un estudio en el que se demuestra que el cliente sólo está dispuesto a recorrer 500 metros entre su coche y el lugar de compra». Todo esto demuestra, según José Rolando Álvarez, que «Valladolid y su entorno tienen que funcionar como única unidad económica para planificar el urbanismo y el transporte. El alcalde debe ser el líder natural del área metropolitana y hacerlo sin entender de rayas».

El centro y los barrios

El comercio integrador

«El pequeño comercio es fundamental para articular una ciudad porque provoca dinamismo en las calles, seguridad y evita los desplazamientos con vehículos de motor», apunta Mercedes Cantalapiedra, recordando unas palabras del alcalde, Javier León de la Riva. Pero no sólo en el centro, sino también en los barrios. Luis del Hoyo desvela que Valladolid tiene una gran dispersión del comercio, con más de 600 calles con algún tipo de tienda. «Debería haber una mayor concentración comercial, pero eso necesita infraestructuras. Está demostrado que no es lo mismo un comercio aislado que el polo de atracción que suponen calles como Santiago o Mantería». En esta línea, García Pellitero propone el fomento del asociacionismo, sobre todo en los barrios con un comercio potente (La Rondilla, La Victoria) «donde, sin embargo, no hay interlocutores, personas que lideren y representen a todos los comerciantes de esa zona». Pero para eso -explica José Antonio Salvador Insua, director de la escuela universitaria de Estudios Empresariales- el comercio tiene que romper con el individualismo, porque a los comerciantes les cuesta mucho asociarse». Salvador Insua propone que estas áreas comerciales «se gestionen como un centro comercial abierto, con la figura de un gerente, que promocione esa zona para que la gente se acerque a esa calle porque allí se encuentra muchas más cosas que un comercio. Así, los establecimientos se tienen que completar con aparcamientos cerca y a un precio accesible, con ludotecas donde dejar a los niños, con eventos para que la gente se acerque... como hacen las grandes superficies y los centros comerciales. La calle no se puede tapar, el clima es el que es, pero se pueden hacer muchas cosas».

La diputada Virginia Alonso pone como ejemplo Medina del Campo, localidad de la que es concejala, que en el año 2002 creó el primer centro comercial abierto de Castilla y León, con la creación de una asociación de empresarios, representantes de 70 negocios que ofrecen actividades conjuntas para fomentar el comercio de su zona.
Pero este asociacionismo, según Jesús María García, de Aguas de Valladolid, debe dirigirse no sólo al ámbito geográfico, sino que también debería producirse, por ejemplo, en «cadenas de compras».
 
Crisis económica Ganar en competitividad

«La actual situación económica también amenaza al minorista. Hay un exceso de capacidad en el sector y parece inevitable que, sobre todo este año y el que viene, contemplemos un descenso del número de comercios. Y esto es algo muy serio, porque la mayor parte de ellos son negocios de pequeñas y medianas empresas, de familias que han invertido ahí todo su patrimonio», advierte José Rolando Álvarez. Cantalapiedra apunta que la naturaleza de estos negocios supone que «haya un esfuerzo personal y familiar que hace que este tipo de negocios aguante más que otros, porque si se cierra, peligra el patrimonio familiar». Pero a la crisis se suman, además, determinadas acciones políticas que, aseguran, tampoco ayudan. ¿Por ejemplo? «La subida del IVA, que asumirá en parte el propio comerciante para no subir el precio», explica García Pellitero. Desde la CVE reclaman «mayor flexibilidad laboral para temporadas concretas, como rebajas», y «más agilidad en los trámites».

Carlos Sigüenza, vicepresidente de Conferco, critica que, frente a lo que ocurre en otros sectores, «la administración dedique pocas ayudas al comercio» y lamenta que en estos últimos años se haya «variado hasta cuatro veces las líneas de ayuda (Iberaval, Líneas ADE) cuando deberían ser mucho más claras». Desde la Junta, el director general de Comercio, Carlos Teresa, recuerda que «estas líneas se deben adaptar a las circunstancias». Y Luis del Hoyo añade que es «necesario que la administración apoye la renovación del comercio». Pone ejemplos: «De cada cinco negocios que hacen reforma, cuatro lo tienen que hacer con fondos propios y sólo uno recibe algún tipo de ayuda». Jesús María García, de Aguas de Valladolid, entiende que esas ayudas, en cualquier caso, no deberían ser económicas «porque eso hace al comercio más débil y dependiente». «Lo que sí que se puede pedir es inversiones para crear un entorno adecuado, facilitar que el consumidor se acerque al negocio, pero no se puede ir sólo a la administración para pedir dinero». «La ayuda debe ser un estímulo, pero el impulso lo debe dar el propio sector», apuntala Teresa. «Lo único que pide el comercio -responde Sigüenza- es que se reinvierta en el sector parte del dinero que aporta».

Y a pesar de todo, aquí «estamos capeando mejor el temporal que en otros sitios», recuerda Sigüenza, quien resalta que el comercio de Valladolid está por debajo de la media española en pérdida de puestos de trabajo. Carlos Teresa, de la Junta de Castilla y León, pone los datos a esta afirmación: «Durante el año 2009, las ventas del comercio en España cayeron el 5,4%, mientras que en Castilla y León fue del 1%. Respecto al empleo, cayó el 4% en España y el 1,2% en nuestra comunidad, lo que manifiesta que el sector comercio en Castilla y León goza de una cierta solvencia».
 
Horarios ¿Apertura en domingos?

«El cliente es el rey- resume Salvador Insua-, así que el comerciante tiene que adaptarse a sus necesidades y saber cuándo van más porque el pequeño comercio tiene la posibilidad de hacer sus horarios más flexibles». «Nos hemos ido adaptando a las nuevas necesidades. Antes se cerraba a las 19.30 horas y ahora hay comercios que ya abren hasta las 21.00 horas», asegura García Pellitero. ¿Es suficiente? «En Valladolid no hay una demanda real por parte de los consumidores para abrir en domingo, las encuestas lo dicen. Los sábados por la tarde son un desierto y muchos negocios que empezaron abriendo de diez a diez, han terminado por cerrar al mediodía porque no les resulta rentable», asegura Luis del Hoyo, quien cree que el debate sobre los horarios deberían dejar el domingo a un lado.  «En este tema las grandes superficies se llevan siempre el gato al agua», reconoce Mercedes Cantalapiedra, «porque el pequeño comercio no ha sido capaz de generar un hábito, porque los domingos que abre una gran superficie, en el centro te encuentras con un comercio abierto y tres cerrados, o uno abierto y diez cerrados. Si se hace, tiene que ser algo generalizado, al cliente no se le puede marear o despistar», explica la concejala. Es el profesor Salvador Insua quien enciende la luz: «Si el comercio es competitivo con los horarios actuales, si cree que no le merece la pena abrir a otras horas o un domingo, entonces no debería haber problemas porque yo, como consumidor, me puedo ir a otro sitio». Y además, está Internet: «Con el comercio electrónico tengo el mundo abierto a cualquier hora para comprar. Las nuevas tecnologías revolucionarán el comercio y una buena web puede suponer un gran posicionamiento».

Grandes superficies Nueva normativa

¿Y qué pasa con las grandes superficies? Valladolid Avanza le dedicará un foro específico, pero ya aquí se apuntan algunas líneas. Carlos Teresa recuerda que la transposición de la directiva europea de servicios tiene «un fin último positivo, que es la eliminación de trabas jurídicas que impedía la libertad para abrir establecimientos. Esto va a conseguir una economía más globalizada, generar la creación de empresas, dinamizar el nivel de empleo e incidir en la competitividad, con un equilibro entre los diferentes formatos comerciales y un apoyo a las pymes comerciales».  José Rolando Álvarez defiende «el principio básico de la libertad de empresa». Y Sigüenza matiza que «esa libertad no debe confundirse con recalificar a la carta y promover centros comerciales cuyo negocio no es el comercio, sino el tema inmobiliario». ¿Y qué postura debe adoptar el pequeño comercio? Salvador Insua defiende que «la estrategia defensiva es muy útil para ganar tiempo, pero a medio y largo plazo puede ser contraproducente. Llegado el momento, el pequeño comercio no puede quedarse parado, sino que tiene que competir. Lo que no se puede es defenderte sin hacer nada más», añade.
 

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